Carta de jóvenes cristianos españoles, voz de los jóvenes inmigrantes que llegan a Europa

OMPRESS-CEUTA (4-09-18) Este es el título de la carta dirigida a la Conferencia Episcopal Española y a las Obras por un grupo de once jóvenes cristianos de diferentes diócesis españolas, que han vivido la experiencia de un campo de trabajo con inmigrantes en Ceuta este agosto.

Acompañados de tres misioneros (una franciscana misionera de María coreana, un misionero javeriano mexicano y una laica misionera de la delegación de misiones de Teruel), comenzaron su experiencia en el Centro San Antonio de Atención y Acogida de Inmigrantes de Ceuta. Cuentan en la carta que “allí vivimos una experiencia de misión en la que conocimos la dura realidad de la inmigración, habiendo vivido en primera persona, con mucha alegría, entre otras cosas, una entrada masiva de jóvenes inmigrantes en Ceuta al grito de ‘Boza, boza’ (‘libertad, libertad’), ‘España…, libertad; gracias, muchas gracias’ (dirigiendo sus miradas al cielo); y al día siguiente, con mucha tristeza, impotencia y gran decepción, el saberlos, en menos de 24 horas, expulsados a territorio marroquí, rumbo a un calvario que seguirá destrozando sus sueños, atesorados durante la larga travesía de la inmigración, hacia una vida digna y más humana. Como consecuencia del encuentro con el joven migrante, se ha producido un cambio en nosotros que nos ha impulsado a escribir esta carta en favor de sus derechos y dignidad”.

Explican que su tarea se basaba en ofrecer cariño al inmigrante y ser bálsamo en las muchas heridas físicas y espirituales, y cómo la expulsión les ha motivado a compartir su fe, sus sentimientos y su agradecimiento por todos los que trabajan en favor de los inmigrantes.

“Esto nos afecta directamente, porque vemos en ellos a hermanos, a jóvenes como nosotros a los que se niegan derechos fundamentales. Entre ellos, el de libre circulación y el de poder estudiar y formarse. Hemos querido mostrar nuestro interés y fe para defender las libertades básicas de toda persona, porque vemos en ellos el rostro sufriente de Jesús en la cruz”.

Y añaden que “gracias al encuentro personal que hemos tenido con los inmigrantes, nos hemos dado cuenta de que no existen diferencias entre ellos y nosotros como jóvenes. Tenemos los mismos intereses, deseos e inquietudes; queremos estudiar, trabajar y desarrollarnos como personas”.

Señalan además que “como Iglesia no podemos quedarnos indiferentes ante el sufrimiento ajeno”, proponen por ello la concienciación de la sociedad ante este problema, la realización de jornadas de trabajo conjunto entre asociaciones cristianas y no cristianas que se dedican a ayudar al inmigrante en los diferentes países del mundo, para aunar esfuerzos, dar mayor impulso a la acogida de inmigrantes de forma organizada y regulada por medio de las parroquias…

“Lo hemos meditado, lo hemos rezado y, escuchando lo que dice el Papa en Evangelii gaudium, queremos ser callejeros de la fe, sabiendo que somos una misión de Dios en este mundo”, concluyen.

Más información sobre la experiencia de este campo de trabajo en: http://eslahoradelamision.blogspot.com/

 

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